Vertical’ Art, un concepto diferente de rocódromo se instala en París (y lo visitamos)

Aprovechando una visita a la capital francesa no podíamos dejar pasar la oportunidad de visitar alguno de los múltiples rocódromos existentes a día de hoy en París. Para la ocasión, escogimos un lugar de reciente creación, perteneciente a la cadena Vertical’ Art, que proponen una visión algo diferente respecto a la concepción del rocódromo tradicional. Con centros ubicados en localidades como Nantes, Lyon o Lille, el rocódromo escogido es el sexto de la cadena, y abrió sus puertas el pasado mes de septiembre.

La zona escogida de París ha sido Pigalle, muy cerca de la histórico-artística colina de Montmartre, cuna de algunos de los grandes referentes de la pintura como Van Gogh o Picasso, dentro del distrito XVIII de París.

Recorrido íntegro por el rocódromo.

Como hemos mencionado, el concepto Vertical’ Art apuesta no solo por la creación de un espacio de ocio deportivo, sino que también atribuye una especial importancia a la zona de bar-restaurante. Así, puede suceder perfectamente que cualquiera que pase por delante del local lo confunda en un primer momento con un restaurante con ambiente chill, con un caracter profundamente acogedor, con mesas para comer pero también con amplios sofás y butacas de estilo vintage en las que poder pasar el rato tomando una cerveza (o una copa de vino, que por algo estamos en Francia). Puede suceder perfectamente que haya visitantes que acudan al local tan solo para comer en el restaurante o tomar una copa, y de hecho dado que su horario de cierre es bastante tardío (las 12 de la noche), pudimos comprobar que por la noche estaba bastante concurrido.

Aunque en nuestro caso no degustamos ninguno de los platos de la zona de restaurante, en Le Blog de Lili hay una extensa revisión de una visita que realizaron para comprobar la creatividad del chef del local.

Entrada a Vertical’ Art Paris Pigalle

Con ganas de probar la extensa zona de bloque con la que cuentan, nos dirigimos hacia la recepción para pagar una entrada de día que nos costó 15 euros, a la que hubo que añadir 4 euros más por el alquiler de pies de gato (puede parecer caro, pero debemos tener en cuenta que los precios en París son más elevados que en España). En ella, el encargado de la recepción nos atendió muy amablemente en inglés, preguntando si era la primera vez que acudíamos a un centro de escalada, y procediendo a explicarnos las zonas de las que disponía. La sección dedicada a la sala de búlder es amplia, cuenta con unos 150 bloques de diferentes dificultades, pero con un peso destacado de las más populares/asequibles, en la línea con un concepto de difusión de la escalada accesible a un perfil amateur. Para escalar solo se puede utilizar magnesio líquido, que para los que no tenemos costumbre de usarlo puede parecer que agarra menos pero al que en Francia están bastante acostumbrados. Además, mantiene el espacio bastante más limpio y sin esa sensación de polvo ambiental que se genera cuando hay mucha gente en un local. En nuestro caso, dado que no contábamos con magnesio líquido, nos dejaban usar sin coste alguno un bote que estaba disponible en la recepción.

Niveles de dificultad

Los niveles de dificultad están distinguidos por colores coincidentes con el tono de las presas, y están divididos en un total de ocho. Pintado en la parte superior derecha del rocódromo encontramos el nivel de dificultad equivalente con el color según la escala de Fontainebleau, siendo los bloques verdes, azules y rojos aquellos en los que se solían mover la mayoría de los presentes en la sala.

La zona se podría dividir en dos espacios, uno en el que tenemos presente una amplia zona de bloques, y la otra en la que, además de contar con más bloques, gran parte de ellos pensados para los más pequeños, incluye un campus board y un moonboard. Esta segunda sección tiene una altura más baja que el resto del local y es a la vez más pequeña, pero cumple con su propósito.

Zona principal de bloque

En general en toda la zona de bloques el desplome no es muy prominente. Diríamos que en honor a parte de su nombre, los problemas son precisamente bastante verticales, algo que probablemente tenga que ver con ese concepto de centro accesible a todos los públicos.

Zona de Moonboard y Campus Board

Entre las dos salas hay un pequeño espacio con dos butacas y un sofá que permiten ver toda la sala de bloque de un vistazo, y que resulta ideal para tomarse un respiro o para que los padres puedan vigilar a sus hijos mientras se toman un refresco. Detrás de dichas butacas encontramos un espacio con módulos donde poder depositar nuestros objetos.

Otro detalle interesante es que en el pasillo de acceso a la zona de bloque hay una fuente con vasos de plástico reutilizables ideal para hidratarse.

Bloque fácil de dificultad verde.

Probamos principalmente bloques de dificultad azul (6a-6b) y roja (6c-7a). En líneas generales pudimos comprobar que la mayoría de los problemas no eran excesivamente largos, estando más caracterizados por bloques más técnicos que dinámicos. Para suplir la verticalidad del muro, varias zonas incorporan volúmenes de diversos tamaños que hacen que la pared no sea tan monótona. Entre los bloques azules, hubo en especial uno muy curioso, compuesto de un volumen triangular muy grande y una presa con la que se alcanzaba el top. Realizamos algunos intentos sin demasiado éxito por falta de tiempo, pero sin duda es uno de los que más nos gustó. A veces lo más simple es lo más llamativo.

Bloque de dificultad azul compuesto de un solo volumen y una presa para alcanzar el top.

Aunque no se trata de paredes especialmente altas, los muros cuentan en los puntos más altos con presas especialmente pensada para bajar algún metro una vez alcanzado el top. Como hemos mencionado en otros posts, siempre que se pueda es recomendable descender sin tener que dar un salto, probablemente nuestras rodillas y tobillos nos lo agradezcan en un futuro.

Bloque de dificultad azul.

Una vez explorados la mayor parte de los bloques de dificultad azul nos decidimos a probar los bloques rojos. En especial nos centramos en un bloque compuesto por cuatro volúmenes cuadrados, con un pequeño e incómodo desplome entre el segundo y el tercer bloque que se nos atragantó por mucho que lo intentamos. En el rato que estuvimos, otros estuvieron probándolo y tampoco tuvieron suerte.

Bloque de dificultad roja.

Entre pegue y pegue, pudimos ver como en alguna ocasión el mismo chico que nos atendió en la recepción entraba a la zona de bloque para asesorar brevemente a personas o grupos que parecían estar por primera vez en el rocódromo. Un detalle a tener en consideración para evitar la desorientación de los que se inician.

Bloque de dificultad roja.

Proseguimos alternando problemas de las dificultades azul y roja respectivamente, algunos de ellos recientemente colocados por el routesetter, para así dar por finalizada la sesión y la experiencia.

Aspectos destacados de Vertical’ Art Paris Pigalle

  • El espacio de restaurante podría ser un lugar independiente del propio rocódromo.
  • El hecho de usar magnesio líquido evita la sensación de polvo ambiental y mantiene una mejor limpieza de la zona de bloque.
  • La concepción de bloques populares, accesible a un público amplio o a un visitante ocasional.
  • La zona de bloque, sin ser excesivamente grande, genera sensación de amplitud, contando con espacio de colchoneta suficiente como para no molestar a otros bloqueros.
  • La atención prestada para los que acceden por primera vez al rocódromo, explicando su funcionamiento y las zonas de las que dispone.

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